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Ser buena madrastra es una elección

Eres Madrastra o estás cerca de convertirte en una. Inmediatamente surgen los temores y miedos !porque has escuchado tantas historias! y muchas de ellas poco alentadoras. Pero estás enamorada, segura de que el amor todo lo puede. Y es verdad. El amor es transformador, pero para ello se requiere de decisión. En esta experiencia de la “madrastridad” tienes dos caminos: el de la madrastra “mala” y el de la madrastra “buena”, ¿cuál eliges?

¿Quién es una madrastra “buena”?

Es una mujer segura de sí misma. Se ama y confía tanto en lo que es, que no se siente en competencia por el amor de nadie. Además, no malgasta su tiempo comparándose con las personas del pasado de su actual pareja y mucho menos permite que las comparaciones que hacen los demás le afecten.

La madrastra “buena” es la persona que comprende que sus decisiones influyen, lo quiera o no, en el desarrollo de los hijastros (a quienes nosotras llamamos #jastros) y por lo tanto antes de dejarse llevar por sentimientos y sensaciones conflictivas, opta y elige aquellas que le permitan ver posibilidades, abrir caminos y reconstruir vínculos sanamente.

¿Quién es una madrastra “mala”?

Es una mujer con miedo. Le aterra tanto no ser suficiente, que elige el camino de las comparaciones, el resentimiento, la rabia. Ve en los demás solamente los defectos, porque necesita con ello tratar de confirmarse que ella es valiosa. Inconscientemente no cree que el amor es suficiente, considera que se va a acabar, que es finito y debe competir para ganárselo.

Como ves, ser madrastra “buena o mala” depende de si eliges el camino del amor o el camino del miedo. Ocurre exactamente igual con otras facetas de la vida que nos retan para que decidamos si preferimos la proactividad o la victimización, si queremos ser aquella que se reconoce capaz de construir relaciones sólidas y exitosas con bienestar, especialmente con quienes se nos es más difícil, o si se considera una víctima de los maltratos del resto del mundo y desde esa posición nada puede hacer, porque son los demás lo que definen su felicidad.

La experiencia humana, en todos los sentidos, nos presenta oportunidades para crecer, evolucionar, trascender. Pienso que estamos de acuerdo en que el ser madrastra es una de las más contundentes a este respecto. No es fácil. Nos cuestiona. Nos pone al límite y es ahí donde sabiamente debemos tomar la decisión que exprese nuestra mejor versión. No es casual que seas madrastra. No es casual que estés aquí.

¿Te das cuenta que en realidad no hay madrastras “buenas” y “malas” sino que hay mujeres – seres humanos – vulnerables, debatiéndose entre el amor y el miedo? ¿Tú cuál camino eliges?

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